Alta costura

¡ADVERTENCIA! Este cuento es la continuación de otro. Sugerimos comenzar la lectura por el Capítulo I: Arpías

La mitología no habla sobre mí. No hay cuento o historia en el que yo aparezca, ya sea nórdica, celtica, griega, egipcia o romana. Al menos nadie habla de mi figura como tal. Tal vez se pueda encontrar algún parecido conmigo con alguna especie de ángel del destino, que aparecen en algunas lecturas. Pero probablemente nunca nadie escucho hablar del modisto que cose el futuro.

Esa es básicamente mi función. Soy como una especie de mediador, un envidado que se encarga de coser en las personas sucesos que van a cambiar su destino. Hay muchos con mi función desperdigados por el mundo. Algunos trabajan en mayor escala, como los distribuidores de alguna marca de ropa famosa. Otros, como yo, tenemos un contacto más cercano con las personas.

Como todo oficio, por más mágico que sea, lo tuve que aprender en algún lado. No es una tarea tan sencilla como parece. Hay que decidir con mucho cuidado que tipo de aguja usar y que estilo de puntada dar. Me llevo 10 años especializarme en el arte de coser el futuro. Pero una vez listo me mandaron al mundo para ayudar a la gente y adjudicarles un destino.

Mi primer trabajo fue en un pequeño pueblo. Todo marcho sobre ruedas hasta que se produjo un acontecimiento terrible que marcaría mi vida. No bien me hube mudado me enamore perdidamente de una muchacha que vivía en aquel pueblo. Y no me cabía la menor duda de que ella me amaba a mí también.

Pero por desgracia hace años que la pobre estaba comprometida para casarse con un hombre rico y poderos en cuyas manos estaba la manutención de toda su familia. Obviamente, a pesar de nuestro amor, ella no pensaba deshacer su compromiso. Hasta este punto la historia sólo me produce una inmensa tristeza, pero el papel que juegue en ella después me parte el alma.

Como era el único modisto en el pueblo y debido a que todo el mundo estaba más que seguro que yo era homosexual, nadie sospechaba que yo la amara, me encomendaron la tarea de hacer su vestido de novia. El alma se me partía al medio con cada puntada y sentía como mi corazón se iba rompiendo a medida que terminaba el vestido y podía leer en la tela que le deparaba el futuro a mi joven amada.

Iba a ser que ese mismo día, el día de su boda, que ella, vistiendo aquel blanco vestido hecho por mí, se iba a ahogar por voluntad propia dentro de un río que corría por el pueblo. Mis superiores entendieron que aquel acontecimiento me había marcado mucho, por lo que aceptaron mi sugerencia de trasladarme a la ciudad. Me mude a un edificio llamado “Freaks”, muy conveniente para mi situación.

Ahora que conocen mi triste historia, paso a presentarme. Me llamo Rafael, nací en la gran ciudad, pero viví casi toda mi vida en la ciudad en un pueblo, con mi familia y cerca del centro donde aprendí todo lo que sé hoy sobre el manejo del futuro de los mortales. Me gustan las galletas y odio profundamente a los gatos. Ah, y aunque cueste admitirlo, yo también soy mortal y alguien está a cargo de coser mi futuro.
Finalmente aquí estoy, a punto de comenzar una etapa nueva de mi vida, con el ánimo por el piso y buscando algo que me devuelva la alegría. Sin embargo la llegada a mi nuevo hogar no fue tan buena como cabía esperar. A la primer vecina que conocí, después de la casera obviamente, fue un ser de lo más peculiar.

No sé por qué la llamo ser, porque parecía bastante normalita. Lo que si era sumamente llamativa y, con todo respeto, parecía una verdadera loca, llevaba un vestido de un verde y amarillo fuete que no dejaba nada a la imaginación. Eso fue lo que pensé no bien la vi, pero cuando se fue, ya no pensaba que lo parecía, más bien estaba seguro que lo era.

La conocí porque se enteró que yo era modisto y vino a hacerme una consulta de lo más peculiar. Según me contó, Mariana, que así se llamaba, en el momento de pasar a la acción sexual y sacarse su ropa interior, le provocaba un ataque espantoso de risa. Hasta se ofreció a demostrármelo, ofrecimiento que decline con mucha amabilidad.
Lo que no pude evitar fue que me mostrara las bombachas en cuestión. Una experiencia de lo más extravagante. Pero como era supuestamente parte de mi oficio no tuve más remedio que hacerlo. Y lo que vi me causo una sensación de lo más singular. Después de preguntarle si a sus hermanas les sucedía lo mismo me pareció que la situación era muy obvia. Aquello era brujería.

Decidí no alarmar a la mujer y decirle de mis sospechas de que había sido víctima de una bruja. La sorpresa que me causó aquello fue inmensa. Obviamente sabía de la existencia de este tipo de criaturas, pero nunca en la vida había visto una. Y menos aún conocer a alguien que haya sido atormentado por una. Me limite a sugerirle a la mujer que tanto ella como sus hermanas debían tirar sus calzones y seguir adelante con sus vidas. Tiempo después me arrepentiría de aquella sugerencia, pero bueno.

Ella feliz se despidió y dijo que así lo harían. Una vez en el corredor vi algo que me impacto. Allí estaba ella. No podía ser otra. Era seguro que aquella era la bruja responsable por el encantamiento de las bombachas. La salude cortésmente y me metí de nuevo en mi casa. Tenía una sensación extraña en el estómago. Yo conozco del futuro. Y sabía, sentía que mi destino estaba estrechamente ligado a aquella bruja. En más, sentí que el porvenir de todos los habitantes de aquel lugar iban a recorrer un largo camino juntos.

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