El regalo

Los tres hombres se miraron indecisos. Ya habían pasado por aquella situación miles de veces, pero a pesar de todo la discusión no parecía volverse más sencilla con el paso del tiempo y la experiencia. En más, por más irónico que resultara, cuanto más opciones y variedad tenían para elegir, parecía que encontrar lo indicado se volvía más y más difícil. Parados en la puerta del centro comercial aun deliberaban sobre que llevar.

-Existe la posibilidad de que no le llevemos nada –dijo el más alto del grupo –. Yo todavía no entiendo porque le seguimos regalando, él nunca nos compró nada.

-Sabés perfectamente que el recibir algo a cambio no es la razón por la que le llevamos un regalo cada año –comentó otro que tenía complexión asiática y parecía el más viejo de todos –. Además es evidente que la gente joven no se toma la molestia de pensar en ese tipo de pequeñeces.

-Yo creo que él ni siquiera sabe cuando es nuestro cumpleaños, y nosotros todavía nos gastamos en regalarle algo –comentó el tercero que tenía la piel oscura –. Por otro lado nunca llama para agradecer el presente, ni siquiera un e-mail nos manda.

-Señores, pueden dejar de quejarse –dijo el asiático irritado –. Hace años que cada vez que vamos a elegirle un regalo tenemos la misma discusión y al final siempre le compramos alguna cosa. No perdamos el tiempo y vayamos directo al grano ¿qué le llevamos?

-Tenes razón –acordó el más alto, que era también el único rubio –. Concentrémonos en pensar algo que le pueda gustar.

-Yo había pensado que le podríamos llevar un juego nuevo para la computadora –comentó el moreno –. Esos que tiene una calidad espectacular.

-Podría ser –apoyo el rubio -, su máquina anda volando, por la resolución de juego no creo que haya problema.

-No me parece en lo absoluto un regalo indicado para él, ya no es ningún niño –dijo el asiático meneando la cabeza -. También me parece de lo más impersonal. Pensemos en algo menos posmoderno, que no sea tan tecnológico.

-Porque no en algo de ropa –dijo el rubio -. ¿Ya viste los últimos trajes de Dior? Son una pinturita y siempre se lo puede arreglar a medida.

-No, no, el es un tipo muy convencional, no le gustan para nada las extravagancias ni los trajes costosos –dijo el moreno –. Por qué no lo incentivamos a empezar una colección de avionsitos en miniatura. A mí me parece que ya está necesitando un hobby nuevo.

-Por Dios, no podes estar hablando en serio –comento el asiático enojado -. La verdad que era mejor cuando cada uno le llevaba que quería y punto. Eso de ponerse de acuerdo es una verdadera tortura.

-No seas así –reprocho el rubio -. Después de 2015 años ya nadie está como para andar haciendo regalos por la suya y menos con lo alto que están los precios.

-Gaspar tiene razón. Todo bien con ser reyes, pero no por eso hay que derrochar –comentó Baltazar.

-¿Por qué no retornamos a los regalos originales? –comentó Gaspar -. Es la última moda. Para este año le llevamos incienso, oro y mirra.

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