Llegando al mundo

estrella pequeñaLa vida está llena de casualidades. Sí, ya sé que es una frase hecha y todo, pero aquel 19 de enero sentí que aquella expresión se aplicaba a la perfección a la situación que me tocaba vivir. Escuche muchas veces de hermanos que nacen en un mismo día o de madres que celebran su natalicio pariendo, pero muy distinto es escuchar esas cosas por cuentos y muy diferente es cuando esas cosas extrañas le pasan a uno mismo.

Son esas situaciones raras que le pasan a las personas que hacen que se pregunten porque todos los elementos azarosos del cosmos se combinan para guiar a los acontecimientos para que se den de tal o cual forma. La mayoría de las veces uno se cuestiona estas cosas cuando sus consecuencias son negativas. La gente mira al cielo y piensa “¿por qué esa paloma tuvo que hacer caca justamente sobre mi cabeza y no cinco segundos más tarde?”. A todos nos pasó. No lo de la paloma. Pero si el preguntarnos alguna vez por que somos dueños de determinada suerte.

De todas formas hay otras cosas que ocurren que no nos cuestionamos tanto como la mala suerte. Existen muchos otros hechos fortuitos que ocurren en los momentos menos esperados o que coinciden con otros eventos que si nos ponemos a pensarlo no tienen mucho sentido ni razón de ser. Simplemente ocurren y nos dejan pasmados.

Así me ocurrió a mi cuando me entere que iba a ser tía. Yo, Andrea soy la hermana del medio, pero ojo, que con ningún tipo de síndrome. Porque por más que sea la del medio soy también la única nena. Cosa que me ha resultado tanto ventajoso como una desventaja a lo largo de mi vida. Pero volviendo a mis hermanos, como ya dije antes, son dos. Manuel, mayor que yo y eterno estudiantes de medicina y Valentín, unos años más chico y para siempre una bala pérdida.

Manuel es el hijo prodigo. Con una firme vocación de ser doctor, siempre tuvo las mejores notas y se destacó en todo lo que hacía. En su vida amorosa nunca fue menos prolijo que en su vida profesional. Mi hermano mayor siempre pasó de una novia a otra, siendo la chica siempre tan respetable como él y presentándolas a la familia en su debido momento. Igual no fueron muchas, solo tres. Y con la más reciente ya vienen durando seis años.

Por otro lado mi hermano Valentín no podía ser más su antitesis. El bebé de la casa, siempre se comportó como un niño mimado. Terminó el liceo a regañadientes y tres años más tarde de lo que debía. Probó todas las carreras y al final cuando descubrió que ninguna lo satisfacía lo suficiente empezó su propio negocio on line, que según parece le permite llevar una vida cómoda y de Don Juan. En casa jamás le conocimos una novia. Pero como los chismes corren como la pólvora, siempre nos terminamos enterando de alguna de sus historias.

Mis progenitores, como buenos padres de hijos treintañeros, no tenían mejor cosa que hacer en el último tiempo que reclamar cada vez que nos veíamos a ver cuando alguno de nosotros tres los íbamos a convertir en abuelos. Por mi parte ya sabían que no tenían esperanza. No solo porque estoy muy concentrada en mi vida profesional, sino porque mi vida amorosa es nula. Mi hermano Manuel era el candidato más firme a cumplir sus anhelos, pero se negaba de lleno, alegando todo el tiempo que tanto el como su eterna novia todavía tenían mucho para crecer en sus trabajos como para empezar una vida familiar. Y bueno, a Valentín ni lo miraban.

Y bueno, por esas mismas casualidades de la vida fue que, hace como siete meses me entere que iba a ser tía. Vino de donde menos nos lo esperábamos, de nada más y nada menos que Valentinsito. Nos agarró a todos de sorpresa y juro que a mi madre casi le da un infarto. Cayó a cenar a casa de mis padres con una bella joven. La presentó con toda formalidad y contó que hace tres meses ya que estaban juntos y dejó caer así, casi al pasar, que iban a ser padres. Fue un momento muy raro. Pero casi tan extraño fue que dos semanas más tarde apareciera mi hermano Manuel diciendo que fuera de lo planeado, él y su novia también iban a ser papás.

Después de superado el shock inicial, toda la familia estaba chocha con las futuras adiciones a nuestra familia. La novia de Valentín resulto ser una buena chica y todos seguimos los dos embarazos con entusiasmo y consumismo exacerbado. Antes de nacer esos niños ya tenían ropa para vivir dos vidas y juguetes para tirar al techo.

Ángela, la novia de Valentín iba a tener a su hijo en apenas siete meses, porque cuando nos dieron la noticia, ya se habían pasado los últimos dos meses deliberando sobre que hacer con aquello que les había caído del cielo. Mientras que por otro lado, Margarita esperaba para dentro de nueve, porque según parece no habían podido aguantar ni un segundo para compartir la feliz noticia con nosotros.

El gran día por fin llegó. Mis padres no podían más de le emoción y se paseaban como locos por el corredor del hospital mientras Ángela se preparaba para ser madre. Mi hermano Valentín se mostraba más tranquilo de lo esperado y Manuel venía en camino de la casa de la playa, en donde había estado disfrutando de unas vacaciones.

A eso de las seis de la tarde salió Valentín emocionado de la sala de partos a anunciar que era el feliz padre de una nena. Aquella feliz nueva casi se ve opacada por la terrible, pero no tan trágica noticia de que camino al hospital mi hermano Manuel había sufrido un accidente de auto, que por esquivar a otros dos autos que habían chocado, se había dado de lleno contra un árbol. Por suerte todos estaban bien, pero por la emoción de la situación y los nervios, el bebé de Margarita se había adelantado y había terminado pariendo en el medio de la calle a mi segunda sobrina del día.

Conmocionada por tanta novedad entre a conocer a la hija de Valentín. Como su bien tía que soy me pareció la bebé más linda del mundo. Con sus manitos diminutas, su pancita divina y unos hermosos ojos curiosos. Estuve inspeccionándola por unos diez minutos y descubrí que en su pancita tenía una extraña pero bonita marca de nacimiento en forma de estrella. Aquello me hizo en le instante acordar de mi otra nueva sobrina recién nacida. Como podía ser que naciendo el mismo día una de ellas hubiera nacido con estrella y la otra estrellada. Esas raras coincidencias de la vida.

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