Después de la inundación

¡ADVERTENCIA! Este cuento es la continuación de otro. Sugerimos comenzar la lectura por el Capítulo I:Arpías

Si uno hubiera conocido el edificio Freaks antes de que la casa de Margot se inundara, no podría pensar que era el mismo que puede visitar después de este evento. Antes, quien estuviera de paso se hubiera encontrado, si el día estaba lindo, con el patio lleno de gente, comida, bebida compartida, algún juego o fiesta en proceso.

Desde el día en el que los secretos de todos habían sido expuestos, nada había sido como antes. Si bien con anterioridad los miembros que habitaban aquel edificio habían sido como una familia y habían vivido grandes momentos, a pesar de que no todos se llevarán igual de bien, ahora eran sólo vecinos con la relación más básica.

Aquel sábado de otoño, el sol brillaba con intensidad en el cielo, un agradable fresquito soplaba y el patio del edificio Freaks se veía encantador. Pero cuando Olga llegó trayendo consigo una bandeja de masas para tomar el té con su amiga Margot, no se encontró con nadie allí afuera. No había risas contagiosas, ni charlas interesantes, ni los pasteles de Mariana.

–Por mucho que mires por la ventana la situación no va a cambiar –Olga había entrado en la casa de su amiga y ahora, en la cocina de ésta, se servía un té en su llamativa taza de porcelana.

La cacera del edificio miraba hacia el patio desconsolada. Le dolía ver que estaba vacío, que la pequeña comunidad que había logrado forjar en aquella casa se había muerto por culpa de secretos y desconfianzas. El dolor fue demasiado cuando vio a Rafael y a Clara cruzarse allí afuera y saludarse solo con un incómodo gesto de cabeza.

–No te tortures más Margot –Olga se dedicaba a saborear una masa que se había metido dentro de la boca. La señora era un calco de Margot, hasta en su esencia básica de sirena, con la única diferencia de que tenía el cabello más claro. Pero contaba con la misma estatura reducida, el cuerpo potentoso, un pelo indomable y mucho sentido del humor.

–Estaba tan contenta –Margot se sentó en la otra silla, frente a su amiga –Todo por un maldito caño roto.

–Margot, no seas fatalista, nada está perdido. Sabías que esto iba a pasar tarde o temprano –Olga seleccionó las masitas preferidas de su amiga y las puso delante de ella, en un platito –Nada iba a funcionar hasta que ellos conocieran la verdadera naturaleza de cada uno.

–Pero no tenía por qué ser de una forma tan brusca. Tampoco era el momento ideal –Margot se metió una masita en la boca con desgana y suspiró –No sé si podrá volver a ser lo que era.

–Claro que no mujer, y no es lo que queremos –Olga tomó a su amiga del brazo –La idea es que en algún momento lleguen a ser un equipo que se complemente con las habilidades de cada uno. No está cosa rara que eran antes.

–Sé bien que la ocasión en que cada uno supiera acerca de la naturaleza del otro iba a llegar y que hacía falta que pasara –Margot observó su taza de té con pena –Pero quería hacerlo de otra forma. De todos los grupos que vivieron bajo mi techo, este es el que más potencial tenía.

–Se va a arreglar Margot, vas a ver –dijo Olga comiendo su cuarta masita –Quizás yo pueda ayudar.

–¿Ayudarme? ¿Vos? –una carcajada alegre se escapó de sus labios, asombrando a la misma casera.

–¿Qué te causa tanta gracia? –preguntó Olga fingiendo asombro –Es cierto que nuestras colaboraciones no siempre fueron de lo más efectivas. Pero no podés negar que nos la pasamos bien.

–Jamás se me ocurriría decir lo contrario –ahora más animada, Margot se metió otra masita en la boca –Lo que no veo muy claro es cómo me vas a poder ayudar en este asunto.

–Es evidente que estás paralizada, mi amiga acuática. Lograste forzarlos a que se quisiera, más o menos, que algo de afecto desarrollaran. Aunque ahora tenés bien claro que no hay nada que puedas hacer para que se reencuentren.

–Sé que lo que haga sólo podría genera más tensión entre ellos –admitió Margot resignada.

–No te preocupes amiga, acá estoy yo para ayudarte. Tengo una idea que te va a encantar –Olga observó el fondo de su taza de té –Ahora, ¿dónde escondés el whisky bueno?

El sol todavía brillaba sobre el edificio Freaks mientras las amigas compartían unas copas. La situación entre los vecinos era muy tensa y no había forma de determinar que pasaría en el futuro. Olga y su plan se acababan de convertir en el único rayo de esperanza para Margot.

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