El intento de Sandra

¡ADVERTENCIA! Este cuento es la continuación de otro. Sugerimos comenzar la lectura por el Capítulo I:Arpías

Cuando los habitantes de Freaks se levantaron aquel sábado por la mañana había una sorpresa esperando por ellos en el patio que no se podrían haber imaginado en un millón de años. María Agustina salió de su casa con el pijama y la bata puesta y se apoyó en la baranda mientras disfrutaba de su café. Al mirar hacia abajo, el recorrido que estaba haciendo su taza hasta su boca se vio interrumpido, por el asombro que le causó lo que estaba viendo. Porque allí abajo, organizando todo, colocando mesas y sillas y comida típica de desayuno: frutas, cereales, café y medialunas, estaba Sandra, que no dejaba de moverse de un lado para otro.

-¡Pau! -saludó el hada al descubrir a su vecina que la miraba -Baja que el desayuno ya está pronto.

-Maru, Magu, salgan por favor -dijo la arpía por lo bajo llamando a sus hermanas y mirando hacia abajo gritó -¡Ya bajo!

-¿Qué está pasando? -Clara salió de su casa y se cruzó con sus vecinas en el corredor.

-Creo que a Sandra le está a punto de dar algo -susurró María Paula a Clara y sus dos hermanas que habían salido también -Parece que preparó el desayuno para todos.

-¿Qué? -como acto reflejo Clara cerró su bata y la voz le salió un poco más fuerte de lo que ella misma esperaba.

-¿Clara? ¿Sos vos? ¡Bien! Bajen todas -llamó Sandra con mucho entusiasmo -Ya están casi todos acá.

Sin tener muy claro lo que estaba pasando y mirándose las unas a las otras con desconfianza, las cuatro mujeres bajaron por la escalera para encontrarse con un patio lleno de personas. Allí ya estaba Gastón, que cuchicheaba con Bruno en un rincón; Manuel en la punta opuesta y miraba a los vampiros con recelo; Sebastián, que ayudaba a Sandra con los preparativos; y Rodrigo sentado en una silla delante de la mesa y comiendo con ganas.

-¿Qué está pasando acá? -preguntó Margot que acababa de llegar al edificio acompañada de Rafael.

-¿Cómo que qué está pasando? -Sandra se paró delante de Margot -Preparé el desayuno para todos.

-Me parece muy bien cariño -dijo Margot acercándose a la mesa donde estaba la comida servida -Tiene todo muy buena pinta.

-Siéntense, por favor -dijo Sandra mirando a todos con mucho énfasis, en especial a Sebastián, antes de que ambos se sentaran también alrededor de la mesa, junto a Rodrigo y Margot que ya estaban cómodamente ubicados.

-Chicos, ¿por qué no se sientan también? -preguntó Margot dirigiéndole una mirada igual de insistente al resto de los presentes -Muchas gracias por todo Sandra.

La situación era tan sureal que los habitantes de la casa no tenían nada claro de cómo actuar. Sandra había sido siempre la más reacia a participar de cualquier evento entre los vecinos y ahora era ella misma quien quería juntar a todos para compartir una comida. El shock de no entender nada hizo que Clara, las tres hermanas y Manuel se sentaran como autómatas.

-En general estaría encantada que alguno de ustedes tomara la iniciativa para reconciliarse -le susurró Margot a Clara -Pero viniendo de Sandra me da un poco de miedo.

-Estamos todos muy perplejos -respondió Clara por lo bajo.

-¿Qué tal? ¿Está todo bueno? -Sandra fue mirando uno a uno a todos los comensales con ojos desorbitados y mirando a Gastón, Bruno y Rafael que seguían de pie preguntó -¿Por qué no se sientan chicos?

Por un momento se generó un intenso silencio durante el cual todos observaron a los tres hombres que permanecían de pie, hasta una medialuna se quedó a mitad de camino yendo hacia la boca de Rodrigo. Sin decir nada, pero mirando a Manuel y el resto con evidente despreció, Gastón abandonó el patio para meterse dentro de su casa dando un portazo. Bruno se encogió de hombros y siguió a su compañero de casa.

-Muchas gracias Sandra, pero ya desayuné -dijo Rafael antes de meterse también en su apartamento.

-¿Qué les pasa manga de desagradecidos? -Sandra se puso de pie y golpeó con ambas manos la mesa -Una se preocupa de servirles a todos un desayuno espectacular y así me pagan.

-Sandra, por favor, calmate -Sebastián se puso de pie y la agarró del brazo.

-¿Qué está pasando? -preguntó María Agustina por lo bajo.

-Se supone que ustedes tienen que llevarse bien, quererse -la frustración de Sandra hacia que las palabras le salieran de forma atropellada -Yo soy la mala. Tengo que odiarlos a ustedes y viceversa. Pero entre ustedes tienen que quererse.

-¿Sandra es mala? -el asombro de María Agustina crecía por segundo.

-Sandra, cariño, todos valoramos tu esfuerzo…-empezó a decir Margot.

-¡No! ¡No todos lo valoran! ¡No todos se siguen queriendo! -sin terminar de tomar su café, Sandra se fue del edificio.

-Por favor, disfruten del desayuno -Sebastián siguió a Sandra dejando al resto de los vecinos perplejos.

El intento de Sandra en verdad no había tenido nada de noble. Era egoísmo puro y duro. Quería que las cosas fueran cómodas en el edificio otra vez y que aquel aire enrarecido se terminara. Pero no había servido. Después del pequeño arranque de Sandra, quienes se habían quedado compartiendo el desayuno fueron abandonando la mesa, llevando consigo los restos de la comida. Aquello era la evidencia clara de que lo que Olga le había dicho a Margot era cierto. La cacera vio más claro que nunca que era momento de entrar en acción.

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