La cena más incómoda

¡ADVERTENCIA! Este cuento es la continuación de otro. Sugerimos comenzar la lectura por el Capítulo I:Arpías

Cuatro meses después de la inundación, que había cambiado para siempre la dinámica del edificio Freaks, el patio volví a ver movimiento inusual por primera vez. Magu había tenido una larga charla con sus hermanas y las había logrado persuadir de la importancia de la cena que quería llevar adelante.

Días más tarde, estaban allí, en el patio, colgando farolitos de colores para ambientar el lugar. Margot, que por supuesto se había emocionado con la iniciativa, ayudaba a Mariana a servir la comida, mientras Bruno era el responsable de la bebida.

Los invitado formales llegaron a la hora pactada. Sandra, Sebastián y Rodrigo estaban a bordo de la movida y salieron al patio para el gran evento. A pesar de habían sido invitados, que la organización se había llevado a cabo sin ningún tipo de disimulo, y que era probable que tanto Clara, como Manuel, Rafael y Gastón estuvieran al tanto de que algo estaba pasando, ninguno de los cuatro salió de su casa.

-Las ausencias que esperábamos se dieron -dijo Magu al resto de los vecinos cuando terminaron de hacer los preparativos -Ahora vamos a tener que pasar a la segunda parte del plan. Bruno se encarga de Gastón, Vos Mari, de Manuel. Rodrigo va a buscar a Clara y Sebastián a Rafael. ¿Listos?

El silencio profundo generado por el hechizo de Clara, hizo que los que se quedaron en el patio, pudieran escuchar con claridad los movimientos de los cuatro exploradores. Sebastián resultó ser más persuasivo de lo que esperaban, ya que fue el primero en volver con Rafael, que si bien no parecía muy contento, se unió a la cena. Arriba, Clara y Manuel estaban juntos, seguramente hablando de lo que pasaba en el patio, así que los esfuerzos combinados de Mariana y Rodrigo fueron igual de exitosos.

-¡Chupitos! -gritó Magu una vez que los dos nuevos comensales se sentaron a la mesa.

-¡Qué buena noche para celebrar! -dijo Margot mientras mordía un limón después de bajar su trago de tequila, al igual que el resto de los presentes -¡Esta bebida si qué está muy bien!

-Sí, sí. Esta noche hay que brindar -dijo Pau alzando su pequeño vaso después de servir una nueva ronda para todos -Por la amistad que hay en esta casa.

-No entiendo por qué piensan que esta cena va a tener más éxito que mi desayuno -susurró Sandra a Sebastián.

-Por el alcohol -contestó el chico después de tomar su propio chupito -De momento han logrado que todos tomen por lo menos tres shots. Parece una buena idea. Tendríamos que haber servido mimosas el otro día.

El alcohol corría rápido entre los presentes. Rafael y Clara se miraban con recelo, pero por lo menos aquella vez el modisto no se fue a ningún lado. Pero cuando habían pasado ya quince minutos, Bruno volvió a aparecer sólo y con un gesto negativo de cabeza, le dio a entender a Magu que había fracasado. Aquel gesto no pasó desapercibido a Rafael, que decidió que el tampoco se quedaría.

-Muy bueno todo Magu… -dijo el chico poniéndose de pie.

-¡Otro chupito! -gritó la arpía sirviendo otra ronda y dándole a su vecino poco margen de acción para rechazarla.

-Gracias Magu, pero ya me voy -insistió Rafael después de haber tragado su shot.

-Claro, el señorito se siente incómodo porque soy una bruja y al parecer tengo algo raro -dijo Clara arrastrando la lengua.

-Que terminen bien la cena -Rafael ignoró a Clara y comenzó a alejarse.

-¡Un último chupito! -dijo Margot bloqueando el paso del modisto y empujando el contenido del vaso casi que por la garganta del muchacho.

-No te preocupes, vamos a divertirnos mucho más sin vos -insistió Clara después de tomar su propio shot.

-Este no es el momento, Clara -dijo Rafael por lo bajo.

-¿Cuándo es el momento? -los gritos de la bruja resonaron en el silencio artificial creado por ella misma -No sé que hice mal. No sé que hicimos todos mal. ¿Por qué estamos actuando todos tan raro?

-Clara, por favor -Rafael se acercó un poco a donde ella seguía sentada y la miro fijamente.

-¡No, no! Esto ya fue demasiado -Clara se puso de pie y comenzó a revolear sus brazos en la dirección de su ex novio -Si todos acá somos raros, ¿por qué nos vamos a discriminar los unos a los otros? ¿Por qué no nos podemos llevar tan bien como antes?

-Esa es una excelente pregunta. Brindo por ellos -Magu empezó a servir una nueva ronda de chupitos.

-Esto no tiene nada que ver contigo, Magu -dijo Rafael irritado.

-¡No te metas con mi hermana! -gritó Paula poniéndose de pie -Tenés que corrtar con esa actitud negativa. Vos tampoco sos un santo.

-Dejalo en paz Pau, tiene todo el derecho del mundo a estar enojado si quiere -intervino Rodrigo -No todo el mundo es perfecto como él.

-¿Enojado con Clara por ser diferente? -preguntó Mariana con sarcasmo.

La discusión empezó a escalar y el alcohol que había servido para romper el hielo esa noche, se fue convirtiendo rápidamente en la leña que alimentaba la pelea. Entre gritos, recriminaciones y algún llanto, salieron a la superficie todos los rechazos y prejuicios. Hasta que la situación fue demasiado para Margot , que harta de escuchar el intercambio, profirió un alarido que salió de lo más profundo de su pecho marítimo y quebró las barreras del sonido, hasta tal punto que destruyó la protección creada por Clara.

-Esto se acabó hoy. No puede ser que personas que fueron bendecidas con el don de ser diferentes, no sean capaces de querer y entender a otros que son tan especiales como ustedes mismos -dijo Margot poniéndose de pie y antes de irse a su apartamento acotó -Arreglen esto.

La salida de la cacera dejó a todos sumidos en un ambiente muy raro. El silencio era agobiante y más contrarrestado con los sonidos de la calle que resurgieron de repente. Nadie tenía muchas ganas de hablar. Rafael volvió a sentarse y sin mirar a nadie se centró en su comida. Que todos siguieran en el patio era un triunfo para Magu. No estaba todo solucionado, pero al menos era un paso. Merecía ser celebrado.

-¡Chupitos! -dijo levantando la botella y todos entre rieron y gruñeron, no siendo capaces de ingerir más alcohol. Aquellas carcajadas sonaron un tanto incómodas, pero para ser las primeras que resonaban en el patio en mucho tiempo, no estaban nada mal.

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