El nuevo novio de Mariana

¡ADVERTENCIA! Este cuento es la continuación de otro. Sugerimos comenzar la lectura por el Capítulo I:Arpías

En el comedor del apartamento de las arpías, las tres hermanas discutían acaloradamente. María Paula y María Agustina estaban sentadas en el sillón de tres cuerpos, mientras Mariana caminaba nerviosa por la habitación. Desde que Clara había ido hasta su casa, ninguna de las tres arpías había emitido ningún tipo de comentario y esperaban que la bruja volviera.

-Esto no tiene sentido -Mariana movía sus manos sin parar -Ningún sentido.

-Pensé que habíamos llegado a un acuerdo -dijo Pau resignada.

-No, no. Ningún acuerdo. Ustedes dos y Clara no me dejaron opción -dijo Mariana señalando a sus hermanas -Y todo porque pensas que alguien te olió. ¿Estás segura que te habías duchado aquel día? ¿No tendrías mal olor y por eso estaba olfateando?

-Acordamos que era una posibilidad -Pau miró a Magu frustrada -Pero decidimos, y hablo de todos, Clara y nosotras tres, que tener un poco de precaución era la mejor manera de proceder. No perdés nada Mariana y nosotras nos quedamos todas más tranquilas.

-¿No pierdo nada? Solo al amor de mi vida -dijo Mari con dramatismo.

-Mariana, por amor al cielo, no inventes -Magu se golpeó las rodillas con las manos -Lo conocés hace una semana. Ni siquiera sabés de qué signo es.

-¡Es de tauro! Y el tiempo no importa. Solo sé que lo amo.

-Nadie te esta cuestionando nada -Pau miró a Magu con reproche -Pero llegamos a un acuerdo, una pequeña medida de seguridad no hace daño a nadie. Conocés a este vecino solo hace una semana. Sé que estás perdidamente enamorada de él, pero como tengo la sensación de que su compañero de edificio puede ser un espécimen sobrenatural, estamos todas de acuerdo que unas medidas preventivas no vienen nada mal.

-Pero no entiendo cómo solo porque el vecino te puso cachonda ahora es un ser sobrenatural -Mariana se plantó delante de su hermana -¡Nosotras estamos siempre calientes!

-Y justamente para evitar que vos te dejés llevar por tu calentura, es que estamos haciendo esto -dijo Clara entrando en la casa de las arpías -Pensé que ya estaba todo hablado.

-¿Estás totalmente segura Clara qué él no se va a dar cuenta de nada? -preguntó Mariana tomando el pequeño frasco que le daba la bruja.

-El único caso que él podría saber que está pasando es si fuera algún tipo de hechicero -explicó Clara -Aún así no podría esconder su forma. Un aura amarilla se generaría en torno a su cabeza, como cualquier otro ser sobrenatural. Es muy importante que vos también tomés un trago de esto, solo así podrás verlo. Y si se da el caso de que sea brujo, mejor que quede todo sobre la mesa cuanto antes. Creo que lo que pasó en esta casa debería servirnos de lección y no ocultar más cosas.

-Gracias, Clara. Espero que esto sirva para demostrarle a mis hermanas que es un sinsentido -Mariana miró a las otras arpías con despreció antes de salir de la habitación.

Refunfuñando, la menor de las arpías se dirigió al bar, ya que le tocaba cubrir el turno de la tarde. Cuando pensó en que Rodolfo probablemente iría a visitarla, el estomago le dio un vuelco. Lo había conocido hace una semana, cuando el joven trigueño se había mudado al edificio de al lado. Desde aquel día en adelante, cada tarde, alrededor de las siete, el muchacho aparecía por el bar a tomar una cerveza y charlar con Mariana.

Había hecho falta solo unos besos cuando ella terminó su turno, para entender que aquel chico era especial. Al día siguiente Rodolfo le había declarado que no podía vivir sin ella. Parecía un sueño hecho realidad. No le importaban en absoluto las burlas de sus hermanas. Aquella era una historia de amor sacada de un cuento de hadas y Mariana pensaba vivirla a pleno.

Solo las estúpidas sospechas de María Paula arruinaban su felicidad. No es que tuviera ningún problema con salir con un ser sobrenatural, si ese terminaba siendo el caso. Pero si su propia naturaleza de arpía podía traerle problemas un montón de veces, no sabía que podía pasar combinando eso con las peculiaridades de otra persona diferente.

Para el momento en que Rodolfo llegó y se sentó en la barra, Mariana ya tenía todo preparado. Era costumbre, desde el momento en que él se había convertido en su novio, que ella le sirviera un shot de tequila como cortesía de la casa y ambos brindaban. Aprovechando que tenía una botella con apenas un fondito, Mariana mezcló la poción que le había dado Clara.

-¡Mis ojos no aguantan tanta belleza! -dijo Rodolfo sentándose en la barra, donde Mariana estaba atendiendo -¿Cómo estás?

-Más belleza ven los míos -Mariana se acercó a besar a su novio.

En un primer momento la joven arpía pensó que los comentarios que había hecho su hermana le iban a afectar e impedir que actuar con normalidad delante de su novio. Pero una vez que él estuvo frente a ella, con su rizado cabellos castaño, sus ojos color miel y su mandíbula cuadrada, nada de lo que había dicho María Paula le importó. Su hermana estaba equivocada, y ella estaba a punto de comprobarlo.

-¡La hora del chupito! -Mariana colocó la sal y el limón sobre la barra y fue sirviendo los dos pequeños vasos.

-Mariana -Rodolfo había tomado su shot y lo sostenía entre sus dedos, mirando a Mariana fijamente. La chica temió por un momento que la hubiera descubierto y que su plan hubiera quedado evidencia. Suspiró aliviada cuando su novio acotó -Todavía me cuesta creer que haya tenido la buena suerte de conocerte.

-Brindemos por nuestra la buena fortuna entonces -Mariana levantó su chupito, y después de chocarlo con el de Rodolfo, se bebió el contenido de un trago.

Lo primero que sintió Mariana fue el alcohol que le quemó la garganta, como se supone que debe hacer un trago de tequila. Le alivió comprobar que Clara decía la verdad cuando le dijo que la pócima no afectaba el sabor de la bebida. Después se concentró todo lo que pudo en mirar a su novio e intentar descubrir si se formaba alrededor de su cabeza o no aquel halo brillante que la bruja había dicho.

Cuando enfocó sus ojos en Rodolfo, por un instante a Mariana le pareció que la cara de su novio se había transformado en la de un chancho. No había alrededor de su cabeza ningún halo, ni nada brillante. Pero donde solía estar su nariz respingada pero masculina, ahora parecía haber un hocico de porcino. No dando crédito a lo que veían sus ojos, Mariana los cerró con fuerza y volvió a abrirlos.

-¿Estás bien Mari? -preguntó su novio que la miraba preocupado. Su cara lucía perfectamente normal, con la nariz de siempre y sin ningún tipo de energía luminosa que lo rodeara.

-Sí, sí -dijo Mariana tendiendo su mano para tomar la de su novio -Este tequila está más fuerte de lo que pensaba.

Después de la pequeña prueba a la que había sometido a su novio, Mariana se sentía más tranquila. Seguro que lo de la nariz no quería decir nada, y en definitiva, la señal que tenía que esperar, nunca la vio. No estaba segura de que se suponía que era el otro chico que María Paula había visto, pero ahora tenía la certeza de que su querido novio, era por completo normal.

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